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Cuando allá se pase lista, y mi nombre llamen…

Posted in Churchal with tags , , , , on 18 septiembre 2009 by nutricionespiritual

Fue una de las mañanas más impresionantes que he pasado en mi vida y ocurrió cuando estaba en la universidad.

Entre todo el descontrol de ese día puedo recordar que me levanté tarde para ir a la escuela, así que como pude me puse el uniforme, los zapatos, tomé mi mochila y salí corriendo a clases. Sí, leíste bien. Ni siquiera me di tiempo para orar y agradecer a Dios por un nuevo dia, pero de ahí deriva la reflexión de hoy.

Por suerte vivía, gracias al internado, a unos cuantos pasos de la escuela. O mejor dicho, esa mañana tenía clases más cerca del dormitorio, por lo que tuve que caminar menos. Puedo recordar que la clase de ese día era una práctica de laboratorio de cocina, por lo cual iba hasta de mala gana pensando que tenía que llegar temprano sólo a la reflexión inicial para luego pasar toda la mañana cocinando quién sabe qué cosa.

Cuando llegué al salón, entró mi maestra con el rostro desencajado, un tanto desvelada y nos dijo: “Hoy no tendremos laboratorio. Voy a estar muy ocupada durante la mañana y no podré darles clase. Disculpen, por favor”.

No podía creerlo, me levanté ¿para nada?. Al salir de ese salón me encontré con otra maestra llorando. Su primera pregunta fue – ¿Ya supiste? –

-No, ¿qué debería saber? -Respondí

– Militza. Murió anoche –

Sentí como si un balde de agua fría me cayera encima y me sacudiera todo el sueño que aún me quedaba.

Ella había sido una de las estudiantes de mi carrera que yo más admiraba. Inteligente, deportista, sumamente amigable, una buena cristiana en toda la extensión de la palabra. Apenas unos días antes me había pedido ayuda para tocar la guitarra en una boda donde ella cantaría: ¡Y le dije que no! ¿Tuve algo más importante qué hacer? La verdad no lo recuerdo, pero en mi mente está muy claro que esa noche le dije que no.

Siempre fue una mujer ejemplar. Era una chica muy conocida entre la población universitaria y parecía ser que nadie creía que ella, sí, ella, a la que habían visto la noche anterior, la que había ganado medallas en las olimpiadas de la facultad, la que tenía una voz hermosa ya no estaría. Le faltaban sólo dos meses para terminar su servicio social. Tenía tan sólo 23 años y esa mañana… estaba muerta.

El día fue largo. Entre la escuela, la iglesia, unos amigos y yo nos encargamos de organizar lo que fue uno de los servicios fúnebres más impactantes en los que he estado. Cargamos su caja, hicimos guardia junto al féretro, preparamos el programa que se presentaría en el templo e hicimos todo lo que, como estudiantes, podíamos hacer por ella.

Al terminar el servicio vino a mi mente un himno que aprendí desde pequeño: “Cuando suene la trompeta en el día del Señor, su esplendor y eterna claridad veré, cuando lleguen los salvados ante el magno Redentor, y se pase lista, yo responderé.” (HA # 176)

Por eso me pregunté: Cuando allá se pase lista, ¿Yo responderé? (Mt. 25:31-34)

Me gusta creer que Militza podrá responder cuando pasen su nombre en el cielo, pero… ¿Yo podré hacer lo mismo?

Imagino a Dios en el cielo, gozando con los salvos pasando la lista de los que entraron en la tierra nueva.

-Padilla Almazán, Juan Carlos – Dice el Señor.

-Padilla Almazán, Juan Carlos – Vuelve a preguntar, pero no hay respuesta.

Por tercera vez dice -Padilla Almazán, Juan Carlos – Y una voz desde el fondo sencillamente contesta:

– No vino –

No me gustaría que esto pasara.

Yo quiero ir al cielo. Quiero encontrarme cara a cara con mi Dios. Ciertamente hay ocasiones en que me equivoco y me alejo del Señor, pero hoy es un buen momento para corregir mis errores y recomenzar.

Cuando allá se pase lista, y mi nombre llamen ¿Yo responderé? ¿Tú lo harás?


No te puedes perder: Mateo 25:31-46

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