Archivo para muerte

Inmortalidad

Posted in Churchal with tags , , , , , , on 30 septiembre 2009 by nutricionespiritual

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define esta palabra como “Duración indefinida de algo en la memoria de los hombres”. Es así como surge mi pregunta ¿Qué es la inmortalidad?

Quizá más importante que la definición del concepto es conocer su utilidad ¿Para qué sirve ser inmortal? ¿Qué provecho saca el hombre de tanto afanarse en esta vida? (Eclesiastés 1:3)

Cierto día en la universidad un viejo amigo me preguntó: “Si supieras que tienes un mes más para vivir, ¿Qué harías?”.

–          Todo lo que estuviera en mis manos para ser recordado – Respondí

Y es que muchas de las cosas que hacemos tienen como fin ser preservados en la memoria de “alguien”. Ya lo dice una conocida frase que circula en internet: “Puede ser que para el mundo seas sólo una persona, pero para una persona, puedes ser todo su mundo”.

Por eso nos casamos, tenemos hijos, escribimos blogs, generamos redes sociales, porque directa o indirectamente nos gustaría ser recordados. Convertirnos en inmortales para alguna persona o para algunas personas.

Pero ¿Qué sentido tiene? Si ya lo decía el viejo Salomón “Lo que ya ha acontecido volverá a acontecer… No hay memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que sucederá habrá memoria en los que serán después” (Eclesiastés 1:9-11).

El sentido radica en el camino recorrido y la pasión con la que se recorre. Ser inmortal te permite conocer y reconocer que tu vida es digna de ser vivida. Es lo que nos hace ser diferentes de los animales, es lo que nos hace escribir nuestro propio libro de la vida que hemos de legar a las generaciones posteriores. Aún cuando ellos no lo tomen en cuenta. Es lo que nos hace recordar que nosotros también hemos recibido un libro de vida de parte de nuestros antepasados que, tristemente, muchas veces olvidamos y botamos a la basura en aras de decisiones “mejores”.

Cierta canción de mi artista “mundano” favorito dice que en México Pedro Infante está vivo porque “lo que se ama nunca muere” aún cuando hace más de medio siglo que sus huesos están bajo tierra.

Y es que ser inmortal significa amar a alguien de tal manera que esa persona nunca se borre de la mente. Amar a ese alguien con la pasión con que te gustaría que te amaran.

Del mismo modo implica que estés dispuesto a abrir tu corazón a alguien que pretenda ser inmortal en tu vida. Y sólo hay alguien que sea capaz de amarte tanto que, no importando las veces que lo desprecies, lo humilles, te avergüences de Él o niegues conocerlo, está dispuesto a darlo todo por ti, incluso su propia vida.

Él sigue ahí, llamando a la puerta desde lejos (Apoc. 3:20) y su palabra realmente es inmortal (Isaías 40:8). Sigue ahí, esperando a unos cuantos metros que le dejes entrar en tu vida para mostrarte verdaderamente la razón por la que existes (Salmo 32:8). Que te conoce desde mucho antes de nacer (Salmo 139:13-16) y continuará aunque tú y yo muramos porque “Él tiene las llaves de la muerte” (Apoc. 1:18). Sólo hay alguien que puede ser verdaderamente inmortal: Cristo Jesús.

No porque no lo conozcas lo desprecies. No porque ya lo conozcas lo omitas de tu vida. Sólo por hoy, y cada día, permite que Cristo sea inmortal, no sólo en el universo, sino también en tu vida.

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Mujeres Asesinas

Posted in Books - Los otros ratones de laboratorio with tags , , , , on 22 septiembre 2009 by nutricionespiritual

Hoy te doy a elegir entre la vida y la muerte, entre el bien y el mal. Hoy te ordeno que ames al Señor tu Dios, que andes en sus caminos, y que cumplas sus mandamientos, preceptos y leyes. Así vivirás y te multiplicarás, y el Señor tu Dios te bendecirá en la tierra de la que vas a tomar posesión. Deuteronomio 30:15-16

Este fin de semana tuve la oportunidad de leer a una escritora argentina de nombre Marisa Grinstein famosa por sus libros “Mujeres Asesinas” que posteriormente dieron lugar a una serie de televisión homónima muy famosa en todo latinoamérica.

En resumidas cuentas, el libro trata acerca de mujeres que cometieron asesinatos en Argentina desde mediados del siglo pasado hasta principios del nuestro. Aunque los motivos que las llevan a cometer este tipo de actos son diversos, así como los móviles de las muertes, sí es cierto que todas, o una buena mayoría de ellas se ven en la encrucijada de, como lo dijeran algunos periodistas, “matar o morir”.

Disiento mucho de las opiniones de los comentaristas que califican esta obra como buena e incluso magistral.  Quizá sólo coincido con ellos en esta perspectiva de la muerte: La muerte es una decisión.

Cuando el pueblo de Israel estuvo a punto de entrar en la tierra prometida, Moisés les llamó y les recordó el pacto que Dios tenía con ellos. Les mencionó acerca de las bendiciones que trae el arrepentimiento y cerró su disertación con la importancia de elegir bien.

Moisés sabía que el pueblo tenía que tomar decisiones diariamente y que sólamente existen dos caminos: La vida y la muerte. Alguna vez leí que “la vida es el regalo de Dios para nosotros; cómo la vivimos es nuestro regalo hacia Él”. Y es que nos da la oportunidad de elegir recordándonos que estamos en medio de un conflicto cósmico.

Ciértamente nosotros no somos los actores principales del conflicto, pero quiero invitarte a imaginar que este conflicto es como un partido de Fútbol: Dios y sus ángeles de un lado, Satanás y sus secuaces del otro. Tú y yo simplemente sómos espectadores que tienen que decidir a cada instante de parte de quién estamos.

El partido está enfrente de nosotros. Sólo hay que ponerse la camiseta recordando que cada paso que damos en la vida puede ser el último y que normalmente viviremos de acuerdo a la camiseta que hemos elegido.

Ciértamente hay ocasiones en que la vida nos pone situaciones al límite (como en el caso de las mujeres del libro) pero, como la misma Marisa Grinstein lo dijera en el prólogo del libro I siempre estamos en busca de un “destino mejor”.

Estoy convencido que ese “destino mejor” sólamente está cuando nos ponemos del lado Divino. Y la mejor noticia es que Dios mismo se encuentra con los brazos abiertos esperando para que tú y yo nos pongamos la camiseta de Su equipo, vivamos conforme a las reglas del mismo y en cuanto el árbitro dé el silbatazo final comenzaremos a vivir ese maravilloso destino.

Hoy pongo al cielo y a la tierra por testigos contra ti, de que te he dado a elegir entre la vida y la muerte, entre la bendición y la maldición. Elige, pues, la vida, para que vivan tú y tus descendientes. Deuteronomio 30:19

No te puedes perder: Deuteronomio 29-30

Cuando allá se pase lista, y mi nombre llamen…

Posted in Churchal with tags , , , , on 18 septiembre 2009 by nutricionespiritual

Fue una de las mañanas más impresionantes que he pasado en mi vida y ocurrió cuando estaba en la universidad.

Entre todo el descontrol de ese día puedo recordar que me levanté tarde para ir a la escuela, así que como pude me puse el uniforme, los zapatos, tomé mi mochila y salí corriendo a clases. Sí, leíste bien. Ni siquiera me di tiempo para orar y agradecer a Dios por un nuevo dia, pero de ahí deriva la reflexión de hoy.

Por suerte vivía, gracias al internado, a unos cuantos pasos de la escuela. O mejor dicho, esa mañana tenía clases más cerca del dormitorio, por lo que tuve que caminar menos. Puedo recordar que la clase de ese día era una práctica de laboratorio de cocina, por lo cual iba hasta de mala gana pensando que tenía que llegar temprano sólo a la reflexión inicial para luego pasar toda la mañana cocinando quién sabe qué cosa.

Cuando llegué al salón, entró mi maestra con el rostro desencajado, un tanto desvelada y nos dijo: “Hoy no tendremos laboratorio. Voy a estar muy ocupada durante la mañana y no podré darles clase. Disculpen, por favor”.

No podía creerlo, me levanté ¿para nada?. Al salir de ese salón me encontré con otra maestra llorando. Su primera pregunta fue – ¿Ya supiste? –

-No, ¿qué debería saber? -Respondí

– Militza. Murió anoche –

Sentí como si un balde de agua fría me cayera encima y me sacudiera todo el sueño que aún me quedaba.

Ella había sido una de las estudiantes de mi carrera que yo más admiraba. Inteligente, deportista, sumamente amigable, una buena cristiana en toda la extensión de la palabra. Apenas unos días antes me había pedido ayuda para tocar la guitarra en una boda donde ella cantaría: ¡Y le dije que no! ¿Tuve algo más importante qué hacer? La verdad no lo recuerdo, pero en mi mente está muy claro que esa noche le dije que no.

Siempre fue una mujer ejemplar. Era una chica muy conocida entre la población universitaria y parecía ser que nadie creía que ella, sí, ella, a la que habían visto la noche anterior, la que había ganado medallas en las olimpiadas de la facultad, la que tenía una voz hermosa ya no estaría. Le faltaban sólo dos meses para terminar su servicio social. Tenía tan sólo 23 años y esa mañana… estaba muerta.

El día fue largo. Entre la escuela, la iglesia, unos amigos y yo nos encargamos de organizar lo que fue uno de los servicios fúnebres más impactantes en los que he estado. Cargamos su caja, hicimos guardia junto al féretro, preparamos el programa que se presentaría en el templo e hicimos todo lo que, como estudiantes, podíamos hacer por ella.

Al terminar el servicio vino a mi mente un himno que aprendí desde pequeño: “Cuando suene la trompeta en el día del Señor, su esplendor y eterna claridad veré, cuando lleguen los salvados ante el magno Redentor, y se pase lista, yo responderé.” (HA # 176)

Por eso me pregunté: Cuando allá se pase lista, ¿Yo responderé? (Mt. 25:31-34)

Me gusta creer que Militza podrá responder cuando pasen su nombre en el cielo, pero… ¿Yo podré hacer lo mismo?

Imagino a Dios en el cielo, gozando con los salvos pasando la lista de los que entraron en la tierra nueva.

-Padilla Almazán, Juan Carlos – Dice el Señor.

-Padilla Almazán, Juan Carlos – Vuelve a preguntar, pero no hay respuesta.

Por tercera vez dice -Padilla Almazán, Juan Carlos – Y una voz desde el fondo sencillamente contesta:

– No vino –

No me gustaría que esto pasara.

Yo quiero ir al cielo. Quiero encontrarme cara a cara con mi Dios. Ciertamente hay ocasiones en que me equivoco y me alejo del Señor, pero hoy es un buen momento para corregir mis errores y recomenzar.

Cuando allá se pase lista, y mi nombre llamen ¿Yo responderé? ¿Tú lo harás?


No te puedes perder: Mateo 25:31-46